Archivo de la categoría: Neurociencia

¿Se puede hipnotizar a un animal?

perrohipnosis

La hipnosis animal esta curiosamente extendida entre diferentes grupos de personas. Los ganaderos afirman ser capaces de hipnotizar a las gallinas para que se queden quietas en el momento del sacrificio o para poder examinarlas correctamente, los biólogos y veterinarios de los acuarios han podido comprobar que si se le da la vuelta a un tiburón dejándolo boca arriba, este entra en un estado de letargo similar a la hipnosis. Así que la pregunta a la que responde este artículo no es si se puede hipnotizar a un animal, sino que sucede exactamente cuándo “hipnotizamos” a ciertos animales.

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¿Cómo influye la música en nuestra percepción del tiempo?

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En artículos anteriores hemos comentado la gran influencia que ejerce la música en nosotros. La música adecuada puede ayudar a mejorar nuestra productividad, a aumentar nuestro rendimiento físico, o incluso a sincronizarnos con otras personas. En este artículo hablaremos de un efecto musical más sutil, el cambio de nuestra percepción temporal.

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El caso del ateo que se encontró a Dios en un picnic

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El paciente T. fue con su familia y algunos amigos a hacer un picnic en una pradera cercana. Mientras comían y charlaban, repentinamente sintió una opresión en el pecho, sintió como el tiempo se ralentizaba a su alrededor y le invadió una profunda paz y tranquilidad. Se sentía sereno y feliz. Pensó que Dios le acababa de bendecir, y cuando miró a su alrededor se encontraba de repente rodeado de nubes en un paraíso, y ahí estaba Dios, delante de él. En unos minutos que le parecieron apacibles horas a su lado, volvió al picnic con sus amigos. Empezó a correr en círculos durante dos o tres minutos gritando: “¡Soy libre!, ¡Soy libre!, ¡Soy Jesús!, ¡Soy Jesús!“. Cuando se detuvo empezó a sufrir convulsiones. Acababa de tener una crisis epiléptica.

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¿De qué somos capaces si trabajamos en equipo?

pokemon

Coordinarnos con el resto de conductores a la hora de conducir siempre me ha parecido una de las habilidades más subestimadas de los seres humanos. Con el aprendizaje de unas normas de circulación vial y práctica somos capaces de sincronizarnos con los otros conductores en cuestión de segundos. Pensemos en la circulación en una glorieta: necesitamos buscar un hueco para entrar en la glorieta, igualar nuestra velocidad con la del resto de coches, y salir de la glorieta reduciendo la velocidad y avisando al resto. Todo esto en cuestión de segundos sin comunicarse realmente con ellos. No está nada mal.

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Escuchar música mientras trabajas. ¿Qué le hace la música a tu productividad?

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La música es probablemente el producto cultural más antiguo de la humanidad. Desde los tambores africanos a las canciones de discoteca, hemos sufrido todo un proceso de gustos musicales y probablemente en los futuros más lejanos de la humanidad siga existiendo música. Comprobando lo enlazados que estamos a la música, es normal que tenga efectos beneficiosos en nosotros. Hemos hablado sobre los efectos que produce la música clásica en nuestro cerebro e incluso los efectos de la música sobre el ejercicio. En este artículo haremos un resumen sobre nuevos estudios musicales y sabremos más sobre los efectos de la música en nuestro cerebro:

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¿Cómo ve el mundo una estrella de mar?

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Si tenemos un animal de compañía, a veces nos habremos preguntado cómo verán el mundo. ¿Son capaces de verlo igual que nosotros, con diferentes colores o en cambio tienen una visión completamente diferente de la realidad?. Para resolver estas cuestiones los científicos investigan la estructura del ojo y el cerebro de cada animal. En nuestro ojo tenemos cuatro receptores de luz diferentes encargados de formar nuestra visión: los bastones, para ver en blanco y negro, y tres tipos de conos, que nos permiten ver en color rojo, azul y verde. Aunque en el mundo exterior no existan los colores, nuestro cerebro interpreta la señal de los receptores como colores y los puede combinar, permitiendo la ilusión de ver a color. Por eso, el estudio del cerebro es importante en la formación de la vista. Como curiosidad adicional, en el ojo existe un quinto tipo de receptor de luz que no participa en la visión sino en distinguir si es de día o de noche para regular el ciclo de sueño por un mecanismo neurológico independiente.

Tenemos animales como los perros, que tienen menos receptores de luz y por tanto ven menos colores que nosotros; animales como las abejas, cuyos receptores se activan con la luz ultravioleta y ven el mundo de una manera diferente y casos extraños como la mantis de mar, un crustáceo que posee dieciséis receptores diferentes para el color y tiene una visión más enriquecida que la nuestra en matices y contrastes. El último animal en entender su visión es la estrella de mar. A pesar de ser primitivas, recientemente se ha comprobado que las estrellas tienen sentido de la vista. Si ni siquiera tienen un cerebro ¿cómo ve el mundo una estrella de mar?

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Dime qué idioma hablas y te diré cómo aprendiste a contar

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Se nos olvida con frecuencia que las matemáticas son una ciencia creada por nosotros. Todas las operaciones (sumar, restar, multiplicar o dividir) han sido concebidas para tratar de plasmar en un papel situaciones que observamos en el mundo real. Sumar y multiplicar implica acumulación de objetos, restar implica la eliminación de objetos y dividir implica su repartición. Los números son entes abstractos, que no “existen” en la naturaleza (sin embargo, la naturaleza puede realizar “operaciones matemáticas” con sus componentes, como sucede en las plantas que saben dividir).

Aun así, nuestro cerebro tiene unos ligeros conceptos matemáticos integrados de forma temprana en todos nosotros. Aunque con cuatro años la mayoría no sepamos sumar y restar, si sabemos contar hasta cuatro objetos. Para números mayores de cuatro aprendemos en la escuela técnicas de conteo: el típico uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… Gracias a que aprendemos a contar somos capaces de manipular números mayores, pero el mecanismo detrás de este contaje innato hasta cuatro sigue siendo relativamente desconocido. A lo largo de nuestra vida aún nos quedan rastros de este “conteo inicial”, por ejemplo, somos capaces de reconocer la cantidad de objetos de un solo vistazo en una escena siempre y cuando sean cinco o menos. Para números mayores necesitamos detenernos a contar.

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¿Por qué soñamos lo que soñamos?

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Dormir es uno de los procesos más apasionantes y lleno de incógnitas que realiza nuestro cerebro de forma cotidiana. Si conectas electrodos a la cabeza de un voluntario dormido para detectar las señales eléctricas de su cerebro (método llamado encefalograma) se observa un extraño proceso que varía a lo largo de la noche: primero nuestro cerebro empieza a sincronizarse y todas las neuronas que lo forman comienzan a disparar señales eléctricas de manera simultánea. Este ritmo global aumenta o disminuye según nuestro estadio de sueño. Pero existe otra fase completamente diferente, llamada fase REM, que sucede cuando el ritmo aumenta hasta casi despertar: en ese momento las pupilas de nuestros ojos comienzan a moverse, y el registro eléctrico del cerebro es parecido al que se produce cuando estamos despiertos, pero seguimos dormidos. Comienza un sueño.

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