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Credulidad vs Escepticismo

Si estoy preocupado por la creencia de la gente en la clarividencia y ese tipo de cosas, es en buena parte porque sospecho que la credulidad en asuntos leves prepara la mente para la credulidad en asuntos graves; y a la inversa: que el tipo de pensamiento crítico que resulta útil para distinguir la ciencia de la pseudociencia puede servir de algo para distinguir las verdades de las mentiras en los asuntos de Estado.

Alan Sokal, fisico

(Via: Genciencia, ¿Que importa que la gente crea en cosas raras?)

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Bienvenidos a la relatividad

Barbitas ha vuelto a aparecer por clase y, sin venir a cuento, nos ha puesto tres formulas, mientras decía desafiante: “Estas formulas me las he sacado de la manga”

Mientras todos nos quedamos bloqueados comenzó su explicación:

“Tenéis una mala manía como científicos, una realmente mala, y es querer saber cómo funcionan las cosas. Si seguís investigando podréis comprobar que hay preguntas que no se pueden responder, y una de ellas es cómo funcionan las cosas. Debéis aceptar que las cosas funcionan y punto. Todas las formulas relacionadas con la termodinámica, la química física, la cuántica…son todas experimentales, hemos observado el comportamiento de la naturaleza y para explicarlo nos hemos inventado una fórmula que acierta ligeramente en lo que vemos, pero nos la hemos inventado. La naturaleza no funciona con formulas, existe sin mas, las formulas solo son un intento de racionalizar algo irrazonable. Newton se invento sus leyes basándose en el movimiento de los planetas sobre la gravedad y aun a día de hoy no sabemos que es la gravedad ni por que funciona, de hecho el otro día Erik Verlinde explicó a la comunidad científica que la gravedad no existía sino que era un cambio termodinámico, ¡y nadie pudo discutírselo porque no se sabe que es la gravedad!”

“Las pilas dan corriente eléctrica, que se puede definir con unas cuantas formulas sacadas de la observación, sin embargo, no se sabe por qué una pila produce corriente eléctrica, solo sabemos que si juntamos esto y aquello se produce electricidad, ¡y de ahí no pasamos! No somos capaces ni de mejorar el proceso, solo conseguimos juntar pilas para sumar sus corrientes, no hemos diseñado ninguna pila mejor

“Por eso, para explicaros la termodinámica me voy a inventar formulas, os admito que estas formulas funcionan en determinadas situaciones que os contare, pero no sabemos muy bien por qué funcionan. Bienvenidos al mundo del relativismo

“Bichos”

En toda casa hay una selva de dimensiones reducidas. En todas. Porque en todas las casas hay por lo menos una planta. Y donde hay una planta hay vida. Y donde hay vida hay bichos. Más grandes o más pequeños, pero bichos. Quizá no puedas verlos a simple vista, pero si tienes una planta, tienes bichos. Bichos, sí, insectos. Con sus patitas, sus antenas, sus alitas, sus aparatos digestivos y su exoesqueleto. O, si tienes suerte, con todo a la vez. Pueden pertenecer al grupo de los arácnidos, los quilópodos, los miriápodos, los crustáceos o los insectos; pero todos serán artrópodos.

Y si tienes más suerte, mucha más, puede que no correspondan a ninguna de las taxonomías conocidas. Que tu planta cobije a tu bicho y que tu bicho no corresponda a ninguna del más de un millón de especies y subespecies descritas en el Bulletin of the Entomological Society of America. Quizá te haya tocado la lotería y seas capaz de darte cuenta.

Quizá, además, tu especie sea tan rara, tan inusual, que hasta recibas una recompensa. Quizá tengas en tu salón un ornitorrinco en miniatura: como cuando los ingleses llegaron a Australia en el siglo XVII y se encontraron con semejante criatura, un pato con pelos, un topo con pico, mitad ave mitad ratón, mamífero ponedor de huevos, toda una paradoja de sangre caliente y metabolismo estable. O quizá tengas un bicho bola. Como cuando el alemán Athanasius Kircher di Fulda encontró un insecto palo y lo calificó como el eslabón perdido entre los reinos vegetal y animal.

Y entonces, sólo entonces, te permitirían darle nombre, bautizar a una nueva especie de insectos. Hay quien bautiza estrellas; tú habrás bautizado a un bicho. Mucho mejor. Tú habrás bautizado un nuevo artrópodo y cobrado una suculenta recompensa por ello. Al f in y al cabo, tras la próxima hecatombe nuclear, sólo sobrevivirán los insectos. Sólo tendrías que pasarte por el departamento de Entomología del Museo Nacional de Historia Natural y preguntar por el encargado. Tras las pertinentes comprobaciones por parte del científico bastaría con que rellenases un formulario y en la casilla en la que preguntan cómo quieres bautizar la nueva especie, escribir tu nombre. O tu apellido. O tu mote.

El dinero lo recibirás por transferencia bancaria al cabo de unos días.

Artrópodos, de Luis Montero