El comodín del público

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¿No sabes la respuesta? Prueba a usar el comodín del público.

Juan está en la última ronda del famoso programa “¿Quién quiere ser millonario?”.Ha conseguido responder a todas las preguntas hasta este momento y ahora tiene la oportunidad de ganar 50 millones de euros si acierta la pregunta final. Ha tenido suerte hasta ahora: el comodín del 50% le eliminó una de las dos respuestas en las que dudaba, y el comodín de la llamada fue genial para llamar a ese tío suyo experto en barcos de guerra antiguos y poder preguntarle algo que solo él sabría.

Ahora está en la última pregunta,casi imposible: el número de revistas de Ikea que se vendieron en la última década. Juan mira la pregunta asustado, no tiene ni idea; pero aun le queda un últimocomodín, el comodín del público.

Aunque lo use, Juan está convencido de que nadie entre el publico puede saber la respuesta a esa pregunta. Aun así, ¿es útil el comodín del público? ¿Le daría alguna estrategia ganadora?

Nadie puede negar que el ser humano es un animal social: dentro de nuestra naturaleza esta el relacionarnos con otros de nuestra misma especie, y no solo para reproducirnos.Debido a esta necesidad de relacionarnos surgen las modas, los movimientos sociales, los videos virales de YouTube… Realmente somos capaces de pensar en grupo, como una manada. Pero ese pensamiento de manada, ¿es inteligente?

Esa pregunta es bastante antigua, uno de los primeros trabajos sobre el tema es el de Francis Galton en 1907. En su trabajo llamado “Vox Populi” publicado en Nature, quiso comprobar si el comportamiento colectivo podría dar respuestas inteligentes, sirviendo de defensa a la democracia como sistema político (basado en la selección de los mejores políticos mediante consenso).

Galton realizó un sencillo experimento: fue a una feria de ganado y organizó un concurso. Compró una res bastante grande y pidió a la gente que pasaba que apuntara en un papel el peso aproximado que tenia la res. El que se acercara mas al peso real de la misma se la llevaría a casa (o a la granja, más bien).

Pero lo importante en el experimento no era la persona ganadora. Galton estaba interesado en el total de papeles, con los valores de peso aproximados por cientos de personas. Contabilizó todos los papeles y comprobó la mediana (el valor del papel situado en medio si ordenamos los papeles de mayor a menor): casi coincidía con el valor real de la res.

Galton opinaba que la mediana reflejaba mucho mejor el resultado que la media (el valor obtenido mediante la suma de todos los valores, incluso los mas extremos, dividido entre el numero de participantes), ya que esta última restaba importancia a los valores especialmente extremos que se daban en la aproximación.

El resultado, si se piensa, es sorprendente. Aunque no sepamos nada sobre la respuesta, si reunimos un gran numero de personas y les pedimos que aproximen una respuesta numérica, cuanta más gente haya mas nos aproximaremos a la respuesta correcta. Este experimento funciona bien en otros campos, por ejemplo, lo puedes hacer con un tarro de lacasitos en un colegio dando el mismo resultado.

Puede parecer un suceso casi místico, pero es bastante lógico. De hecho ya en 1785, el Marques de Condorcet realizó un calculo matemático que predeciría el posterior éxito de Galton. La formula obtenida predice que la probabilidad de acertar en una elección por un conjunto de personas aumenta con el numero de personas, siempre y cuando la probabilidad de acertar sea ligeramente mejor que la fallar.

Esto indica que este conocimiento colectivo funciona para cosas que podamos aproximar o de las que tengamos una ligera idea.

Respecto a la política, la democracia se puede basar en la idea de que la decisión compartida de mucha gente puede ser inteligente pero hay que tener en cuenta que no existe ninguna respuesta correcta a la que acercarse, simplemente las elecciones intentan reflejar el estado de pensamiento político del país.

Pero esta inteligencia colectiva no le sirve a Juan y su comodín del público. Este fenómeno sucede cuando la respuesta puede aproximarse a partir de lo visto (necesitas ver el tarro de lacasitos para empezar a aproximar su cantidad, aunque falles). Si es un número mas desconocido (numero de revistas de ikea vendidas) la inteligencia colectiva falla más (aunque se acerque). Además, el comodín del público no se basa en preguntar una cifra a cada uno sino elegir entre cuatro opciones…y ahí comienzan los problemas.

La inteligencia colectiva se puede engañar.

Cuando hay que elegir entre varias opciones posibles y no sabes nada sobre la respuesta, lo mas lógico seria elegir al azar una de las respuestas, de manera que veríamos cada respuesta elegida un 25% de las veces.

De hecho, Juan podría ganar si tuviera un público infinito: la gente ignorante votaría en todas las respuestas por igual, pero siempre habría un grupo de personas que saben la respuesta y votarían la correcta. El resultado final de los votos daría como vencedora a la respuesta correcta por muy poco respecto a las demás. Por supuesto, cuanto más conocida sea la respuesta, más diferencia de votos tendrá la correcta.

Pero el publico del programa no es infinito sino un numero mediano de gente (pensemos en 50 personas, como mucho) y esa falta de gente nos perjudica en este caso.

Es como tirar una moneda cara o cruz: si la tiramos infinitas veces tendremos un 50% de veces caras y el otro 50% cruces. Pero si hacemos menos tiradas puede que el numero de caras y cruces no siga la proporción, puede haber en 10 tiros 8 caras y 2 cruces, rompiendo la estadística. Lo mismo sucede en el caso del público: una menor cantidad hace difícil ver esta relación del 25% y algunas preguntas se verían favorecidas respecto a otras (aunque siga sin saberse la respuesta).

Pero demos una oportunidad a Juan, pensemos que van a hacer la excepción de permitir que la gente vote por la respuesta favorita por teléfono, aumentando el número de votos en las respuestas.

Puede que no veamos tampoco esa respuesta correcta favorecida si hay “trampas colectivas”.En casos de ignorancia, la mente humana actúa buscando patrones conocidos. Esta comprobado que si debes elegir entre tres opciones numéricas, escogerás el valor intermedio ya que los extremos te parecen menos posibles como respuesta. Este tipo de trampas precisamente son usadas en los concursos de preguntas-respuestas para despistar al concursante e impedir que acierte.

Unos ejemplos de este tipo de trampas son:

  • Escoger un valor numérico intermedio entre una lista de opciones numéricas.
  • Escoger una respuesta ligeramente conocida frente a respuestas completamente desconocidas. (Por ejemplo, preferir el volcán Krakatoa frente al volcán Heifhsjkaudm).
  • Escoger la opción del medio entre una lista de tres opciones. Esa respuesta intermedia puede ser temporal (fue la segunda opción escuchada) o espacial (la carta central entre tres).

Por supuesto, en todo momento he tenido en cuenta que no ha habido manipulación en ninguna de las decisiones que se debían tomar. Si viene alguien diciendo que es el líder de ikea y que ha votado la opción B, túvotarías la opción B también, distorsionando la división de votos por azar.

Hay miles de situaciones en las cuales hay que elegir entre un variado número de opciones. Si te mudaras y no supieras nada de ninguno de los supermercados de tu zona (e ignoramos cercanía) cogerías uno al azar y se produciría el efecto del comodín del público (todos los supermercados de la zona tendrían un número similar de compradores). Pero aquí entra en juego la publicidad: en este súper hay mejores ofertas, en este otro tienen tarjeta regalo, en este otro hay mejor comida… Esta publicidad balancea las opciones, evitando que se repartan todos los supermercados por igual. Y este mismo fenómeno ocurre en la mayoría de elecciones de nuestro mundo actual: marcas, modas, política, economía…

Visto lo visto, aunque el publico de ¿Quién quiere ser millonario? fuera infinito, Juan podría tener serias dudas al fiarse de la mayoría. La gente elegiría el numero intermedio entre la mayoría, y la propia IKEA habría hecho publicidad para que mucha gente piense que es el numero más alto.

Por tanto, nuestra inteligencia colectiva puede ser muy manipulable.

Por cierto Juan, la respuesta correcta son 197 millones de revistas. De nada.

Para saber más:

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3 pensamientos en “El comodín del público”

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