Propiopercepción: Tu cuerpo no eres tú

Ya me he dado cuenta-añadió pensativa-de que puedo “perder” los brazos. Pienso que están en un sitio y luego resulta que están en otro. Esta “propiopercepción” es como los ojos del cuerpo, es la forma que tiene el cuerpo de verse a sí mismo. Y si desaparece, como en mi caso, es como si el cuerpo estuviese ciego. Mi cuerpo no puede “verse” si ha perdido los ojos, ¿no? Así que tengo que vigilarlo…, tengo que ser sus ojos. ¿No?

Extracto: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” de Oliver Sacks

Te lo han enseñado en la escuela. Tenemos cinco sentidos para comprender el mundo: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Gracias a ellos podemos relacionarnos con nuestro alrededor y ver colores, oír sonidos o voces, notar texturas…

Sin embargo, estos no son los únicos sentidos que tenemos, hay otra colección de sentidos encargados de los estímulos que no vienen del exterior, sino del interior de nuestro cuerpo, ya sea la presión mecánica o la sensación de dolor. Estos sentidos son mucho más sutiles y estamos tan acostumbrados a ellos que se nos olvida que existen.

Hagamos un experimento. Cierra los ojos, extiende los brazos hacia delante y mueve los dedos arriba y abajo (en serio, hazlo antes de seguir la explicación). Te voy a preguntar algo: ¿Cómo sabes que has movido los dedos? No podías verlos ni has sentido el tacto entre ellos, no los has oído y mucho menos saboreado. Ninguno de los cinco sentidos clásicos ha tenido su papel en esa sensación, así que… ¿cómo lo sabes?

En estos casos actúa un sentido mucho más sutil, la propiopercepción.

Este sentido es muy especial, ya que se encarga de percibir tu cuerpo como tu cuerpo. Puede que la explicación resulte algo extraña, pero ten en cuenta que el centro de procesamiento de los sentidos es el cerebro, y en él reside el centro de todas nuestras acciones. Si el pie siente una quemadura, el estimulo se recoge por los receptores del dolor viaja a través del sistema nervioso hasta la espina dorsal (eso en caso de ser un acto reflejo, si no la información llega hasta el mismo cerebro) volviendo a mandar una respuesta hasta los músculos del pie, que puede ser “Apártate”. El pie es incapaz de hacer este procesamiento él solo, necesita del sistema nervioso, y en especial del cerebro, para realizar las acciones. El cerebro es el procesador y el cuerpo el periférico asociado. La coordinación de ambas piezas en tan precisa e intrínseca que la imagen de nosotros se expande al cuerpo entero: Sabemos sin necesidad de mirar donde está cada miembro de nuestro cuerpo y podemos moverlo sin pensar siquiera. De todo esto se encarga la propiopercepción.

El extracto superior proviene del excelente libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” de Oliver Sacks. Uno de los casos descritos en el libro es el de Christina, una paciente joven que sufrió de manera repentina una forma rara de polineuritis, lo que supuso una perdida permanente del sentido de la propiopercepción.

Las consecuencias iniciales fueron desastrosas: sin sentido de propiopercepción la paciente era incapaz de considerar su cuerpo como suyo, se quedó virtualmente tetrapléjica. Aun así, con el tiempo ella misma se dio cuenta de que era capaz de mover su cuerpo si lo “vigilaba”. Levantaba el brazo si miraba al brazo y pensaba en que se levantara. Su cuerpo era ahora una marioneta controlada por ella misma. Empezando por mover miembros de manera individual, consiguió entrenar hasta conseguir mover varios a la vez (siempre siendo controlados por la vista) hasta el punto de llegar a caminar de nuevo.

Sin embargo, a pesar de moverse, su cuerpo seguía sin ser suyo; por eso, al cerrar los ojos, todos los contactos se perdían y la paciente volvía a caer al suelo sin poder moverse.

La propiopercepción es un sexto sentido tan integrado a nosotros que no nos damos cuenta de que existe. Por ese motivo, la gente que ha sufrido lesiones neurológicas y pierden la propiopercepción son raras y excéntricas a los ojos de la sociedad. Resulta más sencillo entender a un ciego que no puede ver o a un sordo que no puede oír, pero una persona que necesita ver su cuerpo para moverlo a veces supera nuestro entendimiento.

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