Cuando el DNA salta

Tendemos a ver el DNA como algo rígido, con una información que no puede variar si no es por mutaciones y que es permanente a lo largo de nuestra vida. Sin embargo esto no es así, nuestro DNA cambia a lo largo de nuestra vida mediante dos procesos: los transposones y la epigenética. De la epigenética tratare en otro artículo, hoy hablare de los transposones.

Los transposones son secuencias de DNA normalmente pequeñas que tienen la habilidad de cambiar de sitio en el genoma. Estas secuencias pueden ser de diversos tamaños pero como mínimo tienen una secuencia que se traduce en una proteína llamada transposasa, la cual tiene la capacidad de coger un transposón, “cortarlo” del DNA e insertarlo en otro sitio, normalmente en una zona al azar.

Existen diferentes tipos de transposones según su manera de moverse por el genoma. Los transposones no replicativos son cortados y pegados en otra región de DNA moviéndose, en cambio, los transposones replicativos que se van copiando e insertando en otros nuevos, aumentando el número de copias cada vez.

Algunos de estos transposones entran en la categoría de retrotransposones, ya que la secuencia es parecida a la de un retrovirus, solo que no es posible la infección y solo se dedica a moverse o duplicarse a lo largo del genoma.

Durante mucho tiempo se ha estado discutiendo sobre el porqué de la existencia de estos transposones. Actualmente la explicación mas convincente es que estos transposones tienen una simbiosis con la célula: los transposones son secuencias de DNA “egoísta”, que tiene como objetivo la perpetuación dentro del genoma residente; a cambio el DNA de la célula se beneficia de estos saltos ya que, al ser producidos al azar da pie a la formación de nuevas mutaciones y eso ayuda a una mayor capacidad evolutiva.

Si un transposón se pone en medio de una secuencia que codifica para alguna proteína esencial para la vida, la célula moriría; sin embargo, este caso es menos frecuente de lo que en un principio se piensa, ya que el DNA es muy grande y la mayor parte del mismo no codifica para ninguna proteína, son secuencias intrónicas. Lo más normal es que el transposón salte a secuencias que no llegan a leerse, pudiendo llegar a crear nuevas proteínas en caso de suerte, pero la evolución tiene todo el tiempo del mundo.

El descubrimiento de los transposones también es un tema interesante. Fueron descubiertos por Bárbara McClintock en 1947 usando como modelo de investigación mazorcas de maíz, sin embargo no se la creyó en la comunidad científica y posteriormente se llegó a pensar que los transposones eran únicamente una particularidad del maíz. No fue hasta unas investigaciones en los años 70 que se le dio crédito a su investigación, nombrándola como autentica descubridora de los transposones y recibiendo el Nobel en 1983, cuando tenía 81 años.

Los transposones son especialmente importante en plantas pero en la actualidad se han descubierto transposones en todos los organismos vivos, incluyendo humanos, por supuesto.

En nuestro caso todos los transposones estan apagados y controlados para que no puedan saltar. Sin embargo, recientemente se ha podido comprobar que hay transposones que saltan libremente en el tejido neuronal, esto da que pensar que puede ser la causa de la diferencias entre cada red neuronal. Los transposones saltan al azar, dando una combinacion unica, y precisamente ser unico es lo que necesita un cerebro.

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