“Bichos”

En toda casa hay una selva de dimensiones reducidas. En todas. Porque en todas las casas hay por lo menos una planta. Y donde hay una planta hay vida. Y donde hay vida hay bichos. Más grandes o más pequeños, pero bichos. Quizá no puedas verlos a simple vista, pero si tienes una planta, tienes bichos. Bichos, sí, insectos. Con sus patitas, sus antenas, sus alitas, sus aparatos digestivos y su exoesqueleto. O, si tienes suerte, con todo a la vez. Pueden pertenecer al grupo de los arácnidos, los quilópodos, los miriápodos, los crustáceos o los insectos; pero todos serán artrópodos.

Y si tienes más suerte, mucha más, puede que no correspondan a ninguna de las taxonomías conocidas. Que tu planta cobije a tu bicho y que tu bicho no corresponda a ninguna del más de un millón de especies y subespecies descritas en el Bulletin of the Entomological Society of America. Quizá te haya tocado la lotería y seas capaz de darte cuenta.

Quizá, además, tu especie sea tan rara, tan inusual, que hasta recibas una recompensa. Quizá tengas en tu salón un ornitorrinco en miniatura: como cuando los ingleses llegaron a Australia en el siglo XVII y se encontraron con semejante criatura, un pato con pelos, un topo con pico, mitad ave mitad ratón, mamífero ponedor de huevos, toda una paradoja de sangre caliente y metabolismo estable. O quizá tengas un bicho bola. Como cuando el alemán Athanasius Kircher di Fulda encontró un insecto palo y lo calificó como el eslabón perdido entre los reinos vegetal y animal.

Y entonces, sólo entonces, te permitirían darle nombre, bautizar a una nueva especie de insectos. Hay quien bautiza estrellas; tú habrás bautizado a un bicho. Mucho mejor. Tú habrás bautizado un nuevo artrópodo y cobrado una suculenta recompensa por ello. Al f in y al cabo, tras la próxima hecatombe nuclear, sólo sobrevivirán los insectos. Sólo tendrías que pasarte por el departamento de Entomología del Museo Nacional de Historia Natural y preguntar por el encargado. Tras las pertinentes comprobaciones por parte del científico bastaría con que rellenases un formulario y en la casilla en la que preguntan cómo quieres bautizar la nueva especie, escribir tu nombre. O tu apellido. O tu mote.

El dinero lo recibirás por transferencia bancaria al cabo de unos días.

Artrópodos, de Luis Montero

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